martes, 2 de julio de 2013

¿Somos docentes que propulsamos el conocimiento social transformador en el estudiantado?

Es evidente que el saber y el conocimiento son, hoy en día, una exigencia social para el desarrollo y el bienestar de las sociedades, de allí la importancia de la educación permanente. Entonces, es imperante siempre revisar y replantear las acciones gestadas en el ámbito formativo como docentes, para estar acordes con las demandas sociales de los tiempos actuales.

Podemos afirmar que, normalmente, los docentes basan su proceso de enseñanza-aprendizaje en las clases magistrales, bajo un enfoque academicista centrado en los contenidos, observándose un catedrático discursivo y un alumno pasivo, receptor de información. En este caso, hay un proceso de enseñanza-aprendizaje ritualizado desde hace siglos: una clase expositiva donde se maneja un convenio tácito. Se acostumbra a que el profesor por ser el “experto” en la materia, sea la voz sociocultural dominante, mientras que el estudiante le corresponde ser un sujeto sumiso, a expensas de lo que conozca o lo que le quiera informar el académico, domesticándolo a ser un individuo que simplemente acepte lo que le diga la autoridad escolástica. Entonces, queda acondicionado a que actúe en su proceso de aprendizaje bajo la ley del menor esfuerzo y sin consciencia de su responsabilidad en la adquisición de sus propios conocimientos, siendo a fin de cuentas un reflejo de su profesor y no de si mismo.



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Pero, este formato “educativo”, que subsiste dado lo cómodo que resulta para los actores involucrados, empieza a caducar, dado que el ser humano en la actualidad se encuentra frente realidades complejas. El siglo XXI se caracteriza por experimentar cambios trascendentales y acelerados en todos los ámbitos del quehacer humano. Inevitablemente los avances científico-tecnológicos, en especial los referidos a la telemática, han propulsado nuevas ofertas y demandas socioeconómicas. Tenemos ahora servicios que se gestionan en plataformas electrónicas, tales como gobierno, banca, comercio, educación y recreación.

Las telecomunicaciones han revolucionado, sin querer o queriendo, la dinámica de nuestro entorno, abalanzándonos inexorablemente a un nuevo orden de hacer las cosas. Y la formación no escapa a esta vorágine. Ahora con Internet y la Sociedad del Conocimiento tenemos fácil acceso a diversidad de información, en diversos formatos y presentada de forma atractiva. En la vitrina de Internet podemos conseguir cualquier cantidad de material informativo y didáctico. Esto permite independencia en la adquisición de conocimientos por parte del ciudadano común, lo cual ha impulsado de forma nunca antes vista la formación informal. 


     Ante esta realidad, la sociedad demanda un docente que implemente un modelo formativo acorde a estos nuevos tiempos, contextualizado a la época del conocimiento líquido. Requiere de un profesorado que geste un estudiante que vaya más allá de reproducir o adquirir saberes. Más bien, necesita de educadores que potencien en sus discípulos el pensamiento crítico, la capacidad para reflexionar y confrontar ideas, en función de configurar dicentes con habilidades para construir, crear y aplicar nuevos conocimientos. Todo ello con el fin de empoderar al capital humano para que pueda responder más adecuadamente a los requisitos del mundo actual, del ejercicio activo de la ciudadanía y del desarrollo cultural de la comunidad.

       La cognición se debe poner al servicio de desarrollar el intelecto con vocación comunitaria y, que dentro de los principios éticos y morales, responda no solo a los intereses personalistas, sino también a los del colectivo al cual pertenece. Es decir, se precisa la formación de individuos con liderazgo inspirador: honestos, responsables, respetuosos, empáticos, solidarios, proactivos, creativos, innovadores, ecológicos, que estimulen y valoren la participación de todos en la búsqueda de las soluciones para los problemas que aquejan el entorno. De igual manera, que tenga la capacidad de ser productivo y comprometido en el ejercicio de sus funciones y, que con su aporte como ciudadano a la sociedad, inspire a otros los mismos comportamientos.

            Entonces, para lograr un estudiante con las características antes mencionadas, se requiere de un docente que se reencuadre en la ejecución del coaching, que estimule el aprendizaje a través de la formulación de preguntas activadoras y de procesos dialógicos que inciten a la reflexión, vislumbrando las situaciones contextualizadas en sus entornos desde diferentes perspectivas. En el coaching el estudiante decide sus propios caminos, así mismo el dinamizador se abstiene de opinar o emitir respuestas, pretendiendo que las mismas emerjan orgánicamente de la comunidad de aprendizaje, desde el saber colectivo y descubrimiento personal de las respuestas, las cuales se válidan a partir de la interacción con los participantes y sus distintas miradas multidisciplinarias.

            Por lo tanto, el coaching comprende un estilo de enseñanza-aprendizaje que otorga las herramientas necesarias para potenciar las capacidades de los estudiantes, en especial la resolución de problemas, automotivación, autoaprendizaje, habilidades comunicacionales, investigativas y de trabajo en equipo. En tal sentido, tenemos entonces que un coach es un facilitador, distinto al tutor que orienta el camino a seguir.

            En tal sentido, y con la finalidad de que el coach sea realmente efectivo, éste se encarga de la dinamización de los procesos de aprendizaje y de un seguimiento apuntando más a un feedfoward que a un feedback, que se orienta más al sondeo de vías para la consecución de saberes que a la idoneidad de los resultados, donde el coach participa como el catalizador del diseño instruccional y el articulador del contenido temático (el conocimiento), con los recursos didácticos (la enseñanza), y la tecnología (el medio de interacción), orientado al usuario a que pase a ser el centro del proceso de aprendizaje, motor de su propia experiencia.

Dentro de esta panorámica de acción, algunos dicen que el coaching resulta una metodología, otros afirman que es una filosofía, y otros argumentan que es un arte.  El coaching se concibe como metodología dado que se integran diferentes estrategias, donde el aprendizaje se genera de manera individual y en equipo, desde la propia reflexión de lo hecho, sentido y conversado, a través de la convergencia presencial o tecnológica, respetando el estilo cognitivo y ritmo personal de los participantes, empleando principalmente el método de la mayéutica, o pregunta dirigida, y de la escucha activa. Por otro lado, se enfoca desde el ámbito filosófico dado que permite ensanchar la personalidad de los aprendices, al permitir adquirir nuevos panoramas o enfoques, pensamiento independiente y estabilidad emocional, nuevas maneras de pensar y de accionar, lo que constituye la misión fundamental de la filosofía. Y para finalizar, se constituye como un arte, dado el planteamiento de preguntas activadoras precisas y originales, lo que demarca las vías por las cuales los estudiantes activarán su propia ruta para que se produzca el insight o la chispa del saber.


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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


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Bueno, M. (2010). El Coaching en la Educación Virtual. [Documento en línea].Disponible:http://issuu.com/minervabueno/docs/revista_digital_minervabueno/16 [Consulta 2013, Julio, 02]

Fernández  R,  Server P  y  Carvallo E (2006). Aprendizaje con nuevas tecnologías paradigma emergente. ¿Nuevas modalidades de aprendizaje? [Documento en línea]. Disponible:  http://edutec.rediris.es/Revelec2/revelec20/raul20.pdf.   [Consulta 2013, Julio,02]

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Tarabay, F. (sf). El género discursivo de la clase magistral: El discurso académico como un conjunto de géneros discursivos. [Documento en línea].Disponible:. http://www.ucla.edu.ve/dac/compendium/compendium8/discurso.htm  [Consulta 2013, Julio, 02]